Este ha estado encaminado a elevar la calidad de vida y protección de la población cubana, mediante una distribución más equitativa de los recursos, el ejercicio del derecho a la educación, a la salud, a la cultura, al trabajo, a la seguridad social, al desarrollo científico-técnico y a la promoción de una cultura científica; lo cual ha repercutido en la mejora de las condiciones de vida y la eliminación de la pobreza extrema. Este periodo social ha coincidido con las manifestaciones del Cambio Climático, que son cada vez más evidentes y nos obligan a tomar medidas adicionales para garantizar un desarrollo próspero y sostenible ante las nuevas amenazas. A continuación se examinan estos impactos y sus posibles consecuencias. 

Impactos generales del Cambio Climático en Cuba

El cambio climático viene agravando y agravará en el futuro, los problemas ambientales acumulados en el país (degradación de los suelos, afectaciones a la cobertura forestal, contaminación, pérdida de la diversidad biológica y carencia de agua, entre otros), convirtiéndose paulatinamente en un factor determinante del desarrollo sostenible.

Desde 1991 los estudios realizados por el potencial científico-tecnológico del país en las esferas del medio ambiente evidencian cambios en el clima e impactos y vulnerabilidades al cambio climático. A continuación, las conclusiones y proyecciones más importantes.

Hoy nuestro clima es más cálido y extremo. Desde mediados del siglo pasado la temperatura media anual ha aumentado en 0.9 grados Celsius.

Al respecto se ha observado una gran variabilidad en la actividad ciclónica y en 1996 dio inicio un período muy activo, con grandes pérdidas económicas. De 2001 a la fecha, hemos sido afectados por 9 huracanes intensos, hecho sin precedentes en la historia.

El régimen de lluvias está cambiando. En las últimas décadas las precipitaciones durante el período seco han aumentado. La frecuencia y extensión de las sequías se ha incrementado significativamente desde 1960, con daños mayores en la región oriental.

Las proyecciones futuras indican que la elevación del nivel medio del mar puede alcanzar hasta 27 centímetros en el 2050, y 85 en el 2100; valores que están en correspondencia con los rangos probables estimados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) para todo el planeta. Para el período 2081-2100 en relación con 1986-2005, es probable que la elevación ocurra entre 26 y 55 centímetros para un escenario favorable, y entre 45 y 82 centímetros para un escenario desfavorable, con un valor límite superior de 98 centímetros al final del período, en el 2100.

Esto implicará la disminución lenta de la superficie emergida del país y la salinización paulatina de los acuíferos subterráneos por el avance de la “cuña salina” de agua de mar. Se estima que existen 574 asentamientos humanos vulnerables a la intrusión salina en los acuíferos costeros del archipiélago, a partir de las mediciones de la calidad de las aguas en todos los pozos de la red hidrológica.

La superficie terrestre que quedaría sumergida de forma permanente para el 2050 abarcaría un área estimada en 2 mil 691.47 kilómetros cuadrados del territorio emergido (2.4 %); y crecería en el 2100 hasta 6 mil 371.05 kilómetros cuadrados (5.8 %). Estas cifras deben aumentar en la medida que se concluyan los estudios de las pequeñas islas, cayos y cayuelos del archipiélago.

De no tomar las medidas de adaptación que correspondan, para el año 2050 desaparecerían 14 asentamientos, de estos 11 rurales y 100 tendrían afectaciones parciales. Se estima que se afectarían 14 mil 195 viviendas de uso permanente y 3 mil 168 de uso temporal; así como mil 367 instalaciones. Lo anterior implicaría 41 mil 310 personas desplazadas.

Para el año 2100 desaparecerían otros 6 asentamientos, de estos 5 rurales y 99 serían afectados. Se perderían 28 mil 792 viviendas de uso permanente y 2 mil 952 de uso temporal; así como mil 624 instalaciones. La cantidad de personas desplazadas aumentaría hasta 83 mil 621.

Como consecuencia adicional, durante este siglo las tierras de la zona costera estarían siendo afectadas (537 mil hectáreas de uso forestal y 32 mil hectáreas de uso agropecuario), con impactos sensibles sobre la agroproductividad de los suelos y pérdidas estimadas acumuladas de 40 mil toneladas en las cosechas de cultivos fundamentales (arroz y caña de azúcar) y cultivos varios (tubérculos y raíces).

Las inundaciones costeras debido a la sobreelevación del nivel del mar y el oleaje, producidas por los huracanes, frentes fríos y otros eventos meteorológicos extremos representan el peligro principal, debido a las afectaciones potenciales que ocasionan sobre el patrimonio natural y construido en la actualidad y para los escenarios 2050- 2100.

Se ha evaluado el daño acumulado en los principales elementos naturales de protección costera: playas arenosas, humedales (bosques y herbazales de ciénaga y manglares) y crestas de arrecifes de coral; que de modo integrado amortiguan el impacto del oleaje provocado por eventos meteorológicos extremos.

De las playas arenosas, el 82 % de las evaluadas tienen indicios de erosión. Se ha estimado un ritmo de retroceso de la línea de costa de 1.2 metros como promedio anual, que puede ser superior en algunas playas y sectores. Se ha ratificado la desaparición de 10 playas arenosas producto de la acción combinada del hombre y el efecto destructivo final del oleaje de los huracanes y otros eventos.

Se reconoce que los manglares están presentes en más del 50 % de las costas del archipiélago y se ratifica que las áreas más afectadas se localizan en la franja costera sur de las provincias Artemisa y Mayabeque, y desde Gibara hasta la Bahía de Moa en Holguín.

El 70 % de las crestas de arrecifes de coral tienen un alto grado de deterioro y se estima que su capacidad protectora no excederá más allá de 30 años, aproximadamente.

Se comprobó que en los últimos 50 años las aguas costeras al Oeste del litoral de La Habana y en la bahía de Santiago de Cuba se han hecho más ácidas. Los valores del pH han disminuido ligeramente hasta 6.9 y 7.5, mientras que la mayoría de las aguas marino-costeras tienen valores de pH entre 8 y 8.2.

En base a un clima futuro caracterizado por menos precipitaciones, mayor temperatura y ocurrencia de sequías, los estudios proyectan para el 2100 una reducción del 37 % de la disponibilidad potencial del agua, con respecto a la línea base 1961-1990.

Otras afectaciones se han estado observando o midiendo, en los sectores de la agricultura, la salud humana, así como en la biodiversidad. En el caso de la agricultura se proyecta que continúen las afectaciones en la reducción de los rendimientos potenciales de algunos cultivos (papa, arroz y tabaco), debido a los cambios en la duración total de los ciclos y la reducción de las áreas agrícolas, por déficit de agua para el regadío, la salinización y la degradación de los suelos; lo que conllevaría disminuciones en la producción agrícola y la crianza de animales, de no tomarse las medidas de adaptación específicas de carácter organizativo y tecnológico.

Se ha evaluado un posible aumento de las infecciones respiratorias agudas (IRA) y de algunas epidemias frecuentes como la Hepatitis viral tipo A. Se proyecta que existirán condiciones propicias para la modificación de los patrones estacionales de algunas enfermedades y un alza de estas, donde se incluyen las IRA, las enfermedades diarreicas agudas y las producidas por vectores.

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